Dónde y cómo deben estudiar los niños

Para los padres es muy importante que sus hijos sean buenos estudiantes, lo que implica que se esfuercen, tengan interés, se concentren, sepan organizarse… Y es que, a veces, no es tan sencillo conseguir que los pequeños tengan la motivación para ponerse a estudiar y, por ello, será difícil que avancen en su etapa escolar.

De este modo, será importante que los padres sigan una serie de consejos muy útiles para lograr que tengan un entorno, así como una pauta de trabajo, que les sirva para crear un buen hábito de estudio con el que obtengan buenos resultados.


Ambiente de estudio


En primer lugar, cabe destacar la importancia del ambiente de estudio, es decir, el lugar donde el pequeño hará sus deberes y estudiará cada día.

Lo más conveniente es que el niño estudie siempre en la misma habitación para, de ese modo, evitar que se distraiga. Lo mejor será que el niño relacione esa habitación con el estudio y así, estará más centrado desde el momento en que entre en ella. También será importante que sea un espacio sencillo, sin muchos cuadros, ni imágenes… ya que distraerán al pequeño.

Asimismo, a pesar de que sea sencilla, deberá ser adecuada para el estudio, es decir, habrá una mesa, una silla y todo lo necesario para que el pequeño se encuentre cómodo. También será útil que el escritorio tenga cajones donde el niño pueda tener herramientas útiles, tales como diccionarios, lápices, rotuladores, reglas… para que así encuentre a mano todo lo que pueda necesitar. Del mismo modo, dicha habitación tendrá que tener una buena iluminación, así como estar ventilada. Por otro lado, deberá ser un lugar tranquilo, que facilite la concentración. De este modo, será mejor que estudie sólo, sin la compañía de sus hermanos, ya que acabarán entreteniéndose unos a otros.

De este modo, encontrar un espacio adecuado para el estudio es muy importante, tanto como lo es seguir un plan de estudio, una buena organización de las tareas que tiene que llevar a cabo. Los padres deberán ayudar, al principio, al pequeño a saber cuánto tiempo dedicar a cada materia, a organizarse en función de las fechas de examen, a tener un buen ritmo de trabajo… Será muy positivo que el niño simplemente no se ponga a estudiar sin más, sino que sepa organizarse para, de ese modo, llevar al día todas las materias, tanto en lo que se refiere a estudio como a la realización de los ejercicios.


Hay que convertir el estudiar en una rutina diaria


Así, se establecerá el tiempo que cada día dedicará a sus tareas escolares. Es cierto que deberá ser un horario flexible, ya que si un día hay que reforzar determinada materia, se alterará el tiempo estipulado. También será importante estructurar dicho tiempo, por lo que, al principio se abordarán los temas más complicadas, ya que el niño está más descansado y receptivo y, conforme vaya cansándose, será mejor que haga aquello que no le suponga tanto esfuerzo.

Será fundamental también que el pequeño, conforme vaya siendo más mayor, tenga un calendario, donde apunte los exámenes o las entregas, para que así pueda estructurar el trabajo y no dejarlo todo para el último momento. De este modo, irá creando un hábito de estudio muy bueno, gracias al que sabrá cómo actuar. Además, si el pequeño siente que controla la situación, se motivará y su autoestima se verá reforzada.

Aún así, esta organización dependerá de las cualidades del pequeño, de su capacidad intelectual, de sus puntos fuertes y débiles… Por ello, se creará una planificación de estudio a su medida.

Del mismo modo, será importante que el pequeño descanse y que, además del estudio, tenga actividades complementarias, que le hagan desconectar y relajarse para que, cuando tenga que volver al estudio o a los deberes, lo haga con más fuerza.