Rubéola en el embarazo


Enfermar de rubéola mientras se está embarazada es sinónimo de tener un bebé con problemas o no finalizar el embarazo. Desde que en la década de los 70 se generalizó la vacuna en las niñas, los casos de rubéola durante el embarazo han disminuido drásticamente, aun así es necesario conocer sus efectos para remarcar la importancia de la vacuna en la población infantil.

La rubéola es una enfermedad contagiosa usualmente de carácter leve, es una especie de sarampión caracterizada por la erupción de manchas rojas en la piel, fiebre, dolor de garganta y dolor en las articulaciones, esto último entre los adultos que la contraen, entre los niños suele tener síntomas más leves.

Situación de riesgo de contraer rubéola

Rubéola en el embarazo

Pese a que hoy en día la mayoría de mujeres están vacunadas o han pasado la enfermedad, todavía hay un porcentaje que se encuentran en situación de riesgo. Por eso es importante ante la duda realizarse una prueba para saber si estamos inmunizadas y en caso contrario vacunarnos. Ya que, si bien la enfermedad no tiene ninguna complicación, sí es peligrosa en caso de contraerse estando embarazada.

Hay un 25 por cien de posibilidades que los bebés cuya madre haya enfermado durante el embarazo nazcan con algún tipo de defecto, es lo que se denomina síndrome congénito de rubéola. Entre los más comunes se encuentra: ceguera, sordera, retraso mental, defectos en el corazón e incluso parálisis cerebral. Otros bebés pueden presentar problemas de aprendizaje, bajo peso, problemas en la alimentación o anomalías en la sangre.

En otros casos en apariencia no existe ningún problema, pero hay que hacer un seguimiento ya que los problemas de vista, de audición o de comportamiento, pueden aparecer en la niñez. Hay niños que no desarrollan ninguna secuela. De hecho, se ha comprobado que si la mujer contrae la enfermedad a partir de la semana 20 es muy raro que se produzcan defectos de nacimiento.

Solución: ser inmune o estar vacunada

La única forma de prevención es ser inmune, por haberla sufrido ya, o vacunarse para evitarla. Cuando una mujer se queda embarazada y no sabe su situación al respecto se le practica una prueba de inmunidad, en el caso de estar expuesta lo que se recomienda es que no se exponga a nadie susceptible de contagio. Si aun así contrae la enfermedad, no existe tratamiento válido para evitar sus secuelas. Tampoco es recomendable vacunarse estando embarazada, de hecho deben pasar al menos 3 meses entre la vacuna y el momento de la concepción, aunque no haya estudios firmes que demuestren que la vacuna pueda dañar al futuro bebé si se realiza en un periodo de tiempo más corto.

De esta forma la mejor manera de prevenir es vacunando, desde que el niño es pequeño. Cuando se implantó la vacuna, en principio sólo estaba destinada a niñas, y se ponía en torno a los 11 años de edad, con el tiempo se ha generalizado su uso a toda la población infantil. La primera dosis se inocula entre los 12 y los 15 meses, junto con la vacuna del sarampión, la segunda dosis se inyecta entre los 3 y 4 años, para reforzar y paliar posibles fallos de la primera dosis.

Foto: Flickr
Referencias: Wikipedia | Medline

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