La depresión empieza en la infancia

Seguramente todos conocemos a alguien que ha pasado por una depresión, especialmente en los tiempos que corren, no es difícil encontrar a un amigo o familiar que esté pasando por ello. Es un trastorno muy escuchado popularmente aunque no siempre se conocen sus causas y si podemos hacer algo para evitarlo.

Sentir tristeza o desmotivación en algunos momentos de nuestra vida es algo totalmente normal, hablamos de depresión cuando el estado de ánimo se ve afectado de tal manera que comienzan a deteriorarse poco a poco las diferentes áreas de la vida y los síntomas no desaparecen con el tiempo; pérdida de interés en las actividades, sentimientos de tristeza o desesperanza, falta de energía, cansancio, ganas de llorar, problemas de sueño, pérdida o aumento del apetito, ideas de suicidio…etc.


¿Qué causas tiene la depresión?


Desde una perspectiva científica, la depresión puede ser de tipo endógena (cuando responde a factores internos de la persona, como la predisposición genética) o de tipo reactiva (cuando se presenta por la exposición a una situación externa que la desencadena).

Sin embargo, atendiendo a esta clasificación, ¿por qué no todas las personas responden con depresión ante el mismo suceso?.

Algunos expertos, indican que existen otras causas personales que influyen en la aparición de la depresión, entre ellas se ha hablado del desarrollo en la infancia y de la correcta adquisición, en esta etapa de la vida, de habilidades básicas como la identificación, expresión y gestión de las emociones.

Destacados autores como Eric Fromm, han asegurado que las capacidades más importantes de relación con los otros y con las propias emociones se basan en el vínculo que desarrolla el bebé con una figura constante, que normalmente es la madre o el padre. Cuando el niño mantiene una relación basada en el afecto y unos buenos lazos con sus familiares, se favorece la confianza en sí mismo y el desarrollo de sus potencialidades.

En una conferencia en México , se expuso la relación entre la infancia y depresión, basándose en que el adulto que responde con este trastorno, puede haber gestado en su infancia ciertos factores que afectarán a su forma de desenvolverse. (Depresión: causas, consecuencias y prevención. México 2009).


¿Cómo puede marcar la infancia una tendencia depresiva?


Los niños no sólo han de desarrollarse físicamente, también psicológicamente, el ambiente y las experiencias que tienen, serán registradas en su cerebro y marcaran un tipo de aprendizaje concreto.

Los adultos somos capaces de racionalizar cualquier tipo de situación, sin embargo, el niño tiende a interiorizar lo que observa sin cuestionarlo demasiado. De esta forma, cuando una madre grita o insulta a su hijo, éste no será capaz de vislumbrar que ella está estresada por el trabajo, sino que creerá fehacientemente que es culpable de su enfado o que el insulto es merecido. En procesos como este, el niño va adquiriendo un concepto negativo de sí mismo y vulnerable al entorno en un futuro.

Aquellos niños que se sienten queridos y por lo tanto seguros en su hogar, son normalmente los que suelen mostrar esta misma seguridad a la hora de resolver las situaciones que se le presentan, llegando a ser personas que se desarrollan social y personalmente a pesar de los obstáculos. Por el contrario, aquellos que han aprendido a sentirse inseguros por una dinámica familiar conflictiva, por ejemplo, suelen presentar dicho sentimiento en el futuro con los demás, tener mayor tendencia al aislamiento social y mayor dificultad a la hora de afrontar sus relaciones personales.


¿Cómo podemos evitar estos errores en la crianza?


Educar es complicado y no debemos pretender ser perfectos, sin embargo, podemos tener en cuenta, algunos aspectos importantes para fomentar un buen autoconcepto en nuestros hijos.

Lo más importante es que demostremos amor y cariño incondicional al niño. A pesar de que es necesario poner límites y enseñarle a cumplir con responsabilidades, nunca debemos condicionar nuestro afecto a sus actuaciones. De esta forma, el niño aprenderá que es una persona valiosa por sí misma y no por aquello que hace.

Otras herramientas como la comunicación, el respeto, el interés por sus sentimientos o el apoyo ante sus inseguridades, sin dejar de lado el fomento de la autonomía personal, pueden ayudarnos a desarrollar un vínculo seguro y muy beneficioso para nuestro hijo y para nosotros mismos.