Un niño sin límites no es un niño feliz

Educar a sus hijos es una tarea ardua y complicada que tienen los padres y que a menudo les hace tener dudas sobre si lo están haciendo bien o no, si es un error decir que no o, en cambio decir que sí a todo lo que el pequeño quiera hacer. Lo cierto es que los padres deben entender que ellos mismos son ejemplos para sus pequeños y que, por ello, deben ser coherentes con lo que hacen y dicen.

A menudo, los padres no saben dónde poner los límites a sus hijos, ya que, resulta complicado saber qué será mejor para su educación.

Sin embargo, es importante que sean conscientes de que el hecho de no pongan límites no hará que sus hijos sean más felices, ya que, aquellos niños que no siguen normas ni tienen obligaciones, sino que obtienen sin más lo que quieren y hacen lo que les apetece, con total seguridad no llegarán a alcanzar la felicidad, puesto que, en la vida todos y cada uno tenemos derechos y deberes.


Tan importante es poner límites como explicarlos a los niños


De este modo, es importante que los pequeños entiendan que hay unos márgenes que no superar, que tienen unas obligaciones que cumplir o unas normas, ya que, los niños que no tienen control alguno, finalmente no saben a qué atenerse, no entienden el sentido de superarse, de hacer las cosas bien, de conocer lo que es correcto o incorrecto… y sin duda, esta no es la forma adecuada ni recomendada de educar a los pequeños.

Aun así, es importante que los padres, sepan poner o establecer estos límites de la forma adecuada, ya que, no hay ni que ser demasiado permisivos, tal y como se dijo anteriormente, ni tampoco establecer una disciplina demasiado estricta que no hará sino que los pequeños acaben siendo más rebeldes.

En primer lugar, es importante que se le impongan límites sencillos y específicos. Es decir, si al acabar de jugar, el pequeño debe recoger los juguetes, se le explicará que es importante que recoja sus cosas y no las deje esparcidas por la habitación pero no se le confundirá pidiéndole que arregle toda la habitación. Es decir, es mejor poner límites o normas más concretas para luego ir ampliándolas.


Los niños «tienen una misión»: probar y traspasar los límites


En cuanto a lo de explicárselo, es muy importante que los padres dediquen tiempo a aclararle el por qué de cumplir esas normas o deberes, ya que, no deben imponérselos sin más. Si son claros, los pequeños entenderán a la perfección dónde han fallado y eso será una forma también de motivarlos a hacer las cosas mejor y superarse.

Y por supuesto, los padres deben entender que dichos límites no pueden cambiar cada día. Deben ser normas firmes y que no cambien, ya que, de lo contrario, causarán confusión en el pequeño, que no sabrá qué está bien o no. Y es que, en ocasiones, los padres para que se calmen los pequeños, ante una rabieta o para conseguir que hagan o digan algo, les dejan hacer lo que quieran. Con ello, no consiguen sino, además de perder autoridad, hacer que el niño finalmente no siga esas normas, ya que, sabe que encontrará momentos en los que saltárselas sin problema alguno. Los padres son el mejor ejemplo y ambos deben ser coherentes a la hora de educar a sus hijos y establecer unas pautas o límites.