¿A partir de qué edad pueden salir sólos los niños?

Esta pregunta empieza a rondar por las cabezas de los padres cuando sus hijos manifiestan las primeras señales de autonomía e independencia. A partir de los 8 o 9 años ya “son mayores” y según ellos pueden quedarse solos en casa o volver del colegio sin nosotros.

No hay una edad determinada a partir de la cual los niños puedan empezar a moverse sin la presencia de los padres.

Este momento será diferente en función de cada caso, dependerá del tipo de educación que se les haya dado y de la personalidad del propio niño. Hay niños muy responsables y autónomos con 7 años, mientras que hay otros de 10 a los que no se les puede dejar solos ni un momento.


Son los padres los que deberán valorar en grado de autonomía e independencia del niño


Serán los padres los que deberán valorar hasta que punto su hijo está listo para salir a la calle solo. Normalmente a partir de los 10 años, como media, empiezan a llevar a cabo recados ellos solos, pueden bajar a la panadería o a la tienda de al lado de casa y si el colegio está cerca tampoco hay problema en dejarle ir. Si se tiene un parque cerca es normal que vayan solos a jugar.

Este proceso será paulatino y poco a poco las salidas adquirirán mayor importancia. Si el niño responde bien a su ‘libertad’ el siguiente paso será ir al cine o a merendar con sus amigos. En estas primeras salidas los padres suelen acompañar y recoger a los niños, pero ese tiempo en el que han estado solos con sus amigos les resulta útil y necesario para ir desarrollando su propia independencia.


El entorno y su seguridad son variables a evaluar


El tema de las salidas dependerá mucho también de donde se resida, normalmente los niños que viven en pueblos o ciudades pequeñas empiezan a salir antes, los de grandes ciudades tardan más tiempo. Esto se debe a que la conciencia de los peligros que les acechan no es la misma en uno u otro lugar. En general los padres muestran una preocupación excesiva en estas primeras salidas que, aunque lógica, no debe impedir que el niño lleve una vida normal. La sobreprotección no favorece en nada al niño que debe aprender a desenvolverse con autonomía.

El remedio para que tanto padres como hijos se sientan más tranquilos y seguros ante esta nueva etapa es tener confianza y estar informado de como actuar ante las diversas situaciones que se puedan dar. Los niños deben saber que existen una serie de riesgos en la calle, no se les debe asustar pero sí deben saber que no todo es bueno y que tienen que estar alerta y saber como reaccionar. Es bueno que lleven un móvil por si tienen algún problema poder ponerse en contacto con sus padres, también se les debe indicar como actuar si se pierden o sufren algún percance. Pero todo ello sin alarmismos, se trata de que disfruten de esta recién adquirida independencia de forma responsable. No se les puede proteger eternamente y habrá que hacer de tripas corazón cuando salgan de casa dejándonos atrás.