Reflujo gastroesofágico de los bebés

Por reflujo se entiende la acción de ir en contra del flujo normal. Si se aplica al aparato digestivo implicaría que los alimentos, tras seguir su camino natural, esto es, boca, faringe, esófago y estómago, vuelven hacia atrás recorriendo el sentido contrario, lo que conlleva complicaciones.

Una vez están en el estómago los alimentos se mezclan con los jugos gástricos, el ácido necesario para digerir las proteínas forma parte de este ácido.

La mucosa del estómago protege al organismo de los efectos del ácido, pero esta capa protectora no está presente en las paredes del esófago, la faringe o la boca, por lo que, cuando el alimento vuelve debido al mal funcionamiento de las fibras musculares que deben impedirlo, la acción prolongada del ácido clorhídrico puede dañar seriamente estos órganos causando quemaduras e irritación. La constante irritación puede llegara a causar cáncer de esófago, por eso es tan importante la detección temprana.

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Reflujo gastroesofágico puntual o crónico


El reflujo gastroesofágico puede ocurrir de forma puntual o suponer un cuadro crónico que se convierte en una enfermedad que precisa tratamiento. Uno de los colectivos más propensos a sufrirla es el de los recién nacidos y bebés. Casi la mitad de los menores de tres meses experimentan este tipo de reflujo, también conocido como regurgitación.

Se produce por que el aparato digestivo de los bebés no está lo suficientemente maduro, el músculo esofágico no cierra bien y el alimento vuelve a pasar del estómago a la boca. También es habitual que se produzca este reflujo cuando los bebés han comido demasiado, tosen o lloran con fuerza, la presión es demasiado elevada y se devuelve el alimento.

En la mayoría de los casos no es necesario ningún tratamiento, si el niño coge peso y se muestra feliz no hay que preocuparse, con el tiempo este reflujo desaparecerá. Pese a todo habrá que estar atento a las reacciones del bebé ya que puede que sea necesario intervenir. Un llanto excesivo, vómitos intensos y frecuentes, falta de apetito, pérdida de peso, crecimiento lento, tos después de comer o problemas respiratorios pueden ser indicativos de que algo no va bien. Será necesario el diagnóstico del pediatra.

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Trucos para evitar el reflujo gastroesofágico en el bebé


Ante el reflujo que no tenga mayores consecuencias también se puede actuar en casa. Una vez que el bebé lo admita se le puede introducir alimentación más espesa y por tanto difícil de regurgitar, mantener al niño en posición vertical después de comer impedirá también ese retorno. Otras medidas útiles serían hacerle eructar a menudo, cambiar la tetina del biberón o elevar la cuna. Hay ocasiones en las que el médico puede recetar medicamentos para reducir el ácido del estómago.

Lo habitual será que hasta los seis meses se puedan presenta episodios de reflujo gastroesofágico, una vez se introduce la alimentación solida y el bebé se mantiene más erguido remiten y desaparecen en el 80% de los casos. Si a partir de ese momento no cesan, se tratará de una patología que precisará de tratamiento, normalmente la acción de los medicamentos es suficiente, solo los casos muy graves requerirán de cirugía.